Trastorno de Ansiedad Generalizada (T.A.G.)



Hoy todos conocen la historia de Pablo Piccioli (18). El chico volvía a su casa por la Panamericana el domingo 9 por la tarde, cuando en una estación de peaje su auto se rozó con una Daihatsu Charade roja. Ambos conductores se bajaron, discutieron y cuando el conflicto parecía dirimido, el hombre del Daihatsu sacó su pistola y disparó a quemarropa y a sangre fría contra Pablo, que murió en el acto.

El agresor, Edgardo Petrocchi (57), empleado de una agencia de seguridad, se entregó y hoy está detenido bajo el cargo de homicidio simple. Todos conocen esa historia. ¿Quizás haya muchos que conozcan historias similares? porque pasan a diario. Pero son pocos quienes son conscientes de que las calles, las escuelas, las canchas de fútbol y las autopistas se han convertido en escenarios de hechos violentos y desmedidos.

Son inesperados, absurdos y difíciles de entender. Porque, ¿qué puede llevar a una persona a reaccionar en forma tan desmedida frente a una situación cotidiana como el tránsito? Algunos especialistas tratan de enmarcarlos dentro de una patología denominada Trastorno de Ansiedad Generalizada (T.A.G.). Se trata de una enfermedad multicausal, cuyos condicionantes son de tipo social y genético, pero que también pueden estar relacionados con vivencias de la infancia, dice Andrés Mega, psicoterapeuta y psiquiatra forense. El T.A.G. está producido por el estrés crónico y los diferentes tipos de depresión que pronostican será la segunda epidemia mundial en el 2020.

Es muchísima la gente que lo padece y no lo sabe, agrega Mega. Otros profesionales prefieren hablar del Síndrome de Ansiedad por Disrupción que, según Daniel López Rosetti, presidente de la Sociedad Argentina de Medicina del Estrés (SAMES), es una patología que se desencadena cuando se interrumpe el paradigma esperado o la facultad de control que tiene el sujeto sobre el medio ambiente. En lo que todos los especialistas coinciden es que hechos como el que tuvo a Pablo Piccioli como víctima son producto de una sociedad violenta y estresada.

Causas Triviales, Efectos Mortales.

El Trastorno de Ansiedad Generalizada (T.A.G.) se define como un desorden mental caracterizado por una preocupación y temor excesivos sin causa real aparente.

Según la Asociación Argentina de Trastornos de Ansiedad (AATA), 5 de cada 100 personas son proclives a desarrollarlo en algún momento de sus vidas. Este trastorno suele aparecer a partir de los 25 años y su detonante suele ser el aumento del estrés, ya sea por duelo, pérdida de empleo, o casamientos y hasta nacimientos. Alteraciones de sueño, irritabilidad permanente, tensión muscular, dolores de cabeza, mareos y sudores son algunos de los síntomas físicos. En lo emocional, quien lo sufre está permanentemente preocupado, no puede concentrarse y tiene temor excesivo por su vida y la de su familia.

Estos cuadros se los detecta en un examen interdisciplinario entre psicólogos y psiquiatras. Lo que sucede es que las evaluaciones psicofísicas no se hacen con la rigurosidad necesaria, opina Mega. Aunque los vecinos de Petrocchi lo hayan descripto como un buen vecino e incapaz de hacer algo así, según Mega es posible que haya habido actitudes violentas anteriores de las que no se han tomado conciencia, o donde el entorno familiar ha estado intimidado para actuar. Para López Rosetti, cuando una persona tiene un grado de hostilidad psicológica por encima de lo normal cualquier situación puede desencadenar un exabrupto. Un embotellamiento, la pérdida de un documento o larga espera en un trámite bastará para que el Síndrome de Ansiedad por Disrupción aflore.

Esto es, causas que parecen triviales tienen efectos impensados. Mortales. Explica el presidente de la SAMES: La hostilidad es una emoción negativa e implica una predisposición también negativa hacia el mundo de los otros. El hostil puede o no expresarse a través de la ira, que es su manifestación emocional. Pero si el sujeto tiene un bajo umbral de excitabilidad (a estas personas se las define comúnmente como de mecha corta) esa ira se traduce en agresión. Y cualquier estímulo en contra de su interés personal sirve para viabilizar su agresión. Lo que sucedió en el peaje de la Panamericana habría terminado siendo una anécdota si no fuera porque Petrocchi tenía un arma. No sólo su Charade con el que hizo la mala maniobra y que le sirvió para escapar a toda velocidad, sino una Bersa calibre 380.